Cuando hablamos del color de un diamante, a menudo nos referimos, en realidad, a su ausencia de color. Los diamantes más apreciados son aquellos que presentan una apariencia clara, limpia y casi incolora.
Aunque las diferencias de color pueden ser muy sutiles, tienen un papel importante en la calidad, la belleza y el valor de la piedra. Una ligera tonalidad amarillenta, grisácea o marronácea puede modificar su percepción visual y también su precio.
Por ello, el color no debería valorarse solo a simple vista ni a partir de una impresión personal. Es necesario observarlo con criterio, en condiciones adecuadas y comparándolo con escalas de referencia establecidas.
En joyería, el color de los diamantes se clasifica habitualmente con una escala que va de la D a la Z. La D corresponde a los diamantes incoloros, los más blancos y valorados, mientras que, a medida que avanzamos hacia la Z, aparecen tonalidades más visibles.
En Joiers Borràs seleccionamos diamantes con una apariencia clara y luminosa, para que cada piedra tenga una presencia pura, elegante y equilibrada.
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